La hepatitis C y Sovaldi

viernes, 23 de enero de 2015
En el hígado se llevan a cabo numerosas funciones de suma importancia para el correcto funcionamiento del organismo. Toda la sangre que proveniente del estómago y del intestino pasa por el hígado. Allí, los nutrientes y las drogas (toxinas, medicamentos, etcétera) son transformados en compuestos más fáciles de asimilar o excretar por el organismo. En este órgano también tiene lugar la síntesis de la bilis, una sustancia que se almacena en la vesícula biliar, y que se libera al duodeno tras la ingesta de alimentos, para facilitar la digestión de las grasas. Estas y otras funciones del hígado pueden verse alteradas por la aparición de un proceso inflamatorio que recibe el nombre de hepatitis.

La hepatitis es, por lo tanto, una inflamación del hígado que puede ser debida a diversas causas, aunque generalmente es un virus el responsable de la afección. 
La hepatitis es una enfermedad de la que se conocen numerosas causas:
  • Infecciones por virus, bacterias o parásitos.
  • Trastornos de tipo autoinmune.
  • Lesiones debidas a la interrupción de la irrigación sanguínea normal del hígado.
  • Traumatismos.
  • Presencia en el organismo de determinadas drogas, toxinas, medicamentos, etc.
  • Presencia de trastornos de tipo hereditario como fibrosis quística o enfermedad de Wilson.
En el caso de las hepatitis producidas por virus podemos distinguir entre virus específicos para la hepatitis (virus de la hepatitis A, B, C y D principalmente, aunque se conocen otros) o virus no específicos para la hepatitis, que son aquellos que suelen manifestarse con otras patologías pero que, en ocasiones, terminan provocando este trastorno; entre estos últimos cabe destacar el virus Epstein Barr (causante de la mononucleosis infecciosa o enfermedad del beso) y el citomegalovirus.

Hepatitis C
Causada  por el virus de la hepatitis C, se transmite por contacto directo con la sangre de una persona infectada. Sus principales formas de transmisión suelen ser:
  • Agujas o jeringuillas infectadas.
  • Transfusiones sanguíneas.
  • Hemodiálisis.
  • Mediante material infectado: sanitario, material para tatuajes, piercings, etc.
  • Durante el parto; transmisión madre-hijo.
Al igual que la hepatitis B, la forma C de esta enfermedad tiene un curso agudo y un curso crónico, siendo este último el que suele desarrollarse con mayor frecuencia (85% de los casos). En la mayoría de los casos el paciente permanece asintomático, aunque la enfermedad puede progresar lentamente, por lo que existe riesgo de aparición de cirrosis y cáncer hepático.

Sovaldi
¿Qué es el Sovaldi? Se trata de un medicamento con sofosbuvir contra cuatro genotipos de la hepatitis C y cuya tasa de éxito puede alcanzar el 90% en función del paciente. "Entre sus ventajas está que tiene un buen perfil de seguridad por lo que es mejor tolerado, una menor duración del tratamiento y una pauta más cómoda para el paciente".
¿Qué precio tiene? Varía en función del país. Mientras en EEUU ronda los 67.000 € por paciente en Alemania los 55.000, en Reino Unido y Canadá cuesta unos 45.000, en España, 25.000 y en Egipto unos 900 €.
Pharmasset es el laboratorio que desarrolló el producto, en Europa un tratamiento de 12 semanas no debería costar más del 70% de esos 36.000 $ fijados para el mercado americano, es decir, unos 25.000 $ por tratamiento, alrededor de 21.000 €.
Pharmasset fue adquirido poco antes por un total de 11.000 millones de dólares por Gilead, un laboratorio cuyo accionariado está formado por fondos de capital riesgo y fondos de pensiones americanos, fundamentalmente especulativos.
Cuando en 2013 en Estados Unidos y en enero de 2014 en Europa las agencias de Sanidad aprobaron la comercialización de este medicamento, Gilead fijó un precio el triple del recomendado por el laboratorio que desarrolló el medicamento.
En Estados Unidos cada tratamiento se está vendiendo a 80.000 y 90.000 $, frente a esos 36.000 recomendados por Pharmasset. En nuestro continente ha pasado algo parecido. De los 21.000 € recomendados por el descubridor del fármaco, Gilead lo está vendiendo a 60.000 euros por tratamiento. En España, el ministerio de Sanidad ha evitado durante meses de duras negociaciones que se llegara a ese precio, logrando una tasa más baja, más cercana a los 25.000 € por tratamiento.
¿Es habitual que el precio de un fármaco varíe en función del país? Los expertos aseguran que sí. "El precio de los medicamentos se discute y negocia siempre entre las autoridades sanitarias y la compañía farmacéutica que lo comercializa", "Si se trata de un medicamento que no está financiado por la sanidad pública, es la farmacéutica la que pone libremente el precio, sino se negocia con el Ministerio", pero "a la hora de fijar el precio influyen muchas variables. La farmacéutica debe dar un informe sobre el coste de desarrollo, fabricación y promoción del medicamento, varía si el laboratorio tiene centros de investigación en el país o no". La economía de país también influye. "Hay laboratorios que sus medicamentos los venden a menor precio en países en vías de desarrollo".

¿Por qué tiene un precio tan elevado? Médicos y farmacéuticos reconocen que se trata de un medicamento caro, pero tienen claro que los costes que hay detrás del desarrollo y elaboración de un fármaco también son muy elevados. "El coste de investigación repercute en el precio de un medicamento. Desde que se inicia la investigación hasta que se comercializa un fármaco suele pasar una media de 10 o 15 años que incluyen investigación preclínica, clínica, registro y comercialización". "Son 15 años de trabajo de una empresa en los que hay que pagar a todo el mundo: desde el que investiga hasta el economista o al que limpia. Por eso a la hora de comercializar, hay que revertir gastos", los laboratorios "son empresas y como todas las empresas tienen que ganar dinero".
¿Es posible que España expropie la patente y fabrique el medicamento a menor coste?Legalmente sí. El acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio de la Organización Mundial del Comercio incluye un artículo en que contempla las llamadas licencias obligatorias, es decir, que un país autorice a una empresa nacional que fabrique el medicamento para mercado interno al tratarse de un asunto de interés público. Eso sí, el acuerdo contempla que primero hay que intentar obtener una licencia "de forma voluntaria en términos y condiciones comerciales razonables" y que "el titular de la patente recibirá una remuneración adecuada". Algunos expertos creen que optar por expropiar la patente sería un error y perjudicaría a los pacientes españoles. "Se puede hacer, pero tiene sus riesgos. Yo desde luego si soy la empresa y me lo hacen a mí, no vuelvo a comercializar un medicamento en España".
¿Es posible adquirir el Sovaldi en otros países? No. "Tendría que prescribirlo un médico autorizado de ese país y seguirse la reglamentación de ese país en cuanto a condiciones de uso y dispensación".

A punto de erradicar la segunda enfermedad de la historia

viernes, 16 de enero de 2015
Es un animal de un metro de longitud, que debió de acompañar a las legiones romanas, a los constructores de las pirámides de los faraones y al resto de grandes civilizaciones de la Antigüedad. Hasta el siglo XX, el animal extendía sus dominios por medio mundo, pero ahora está acorralado en un puñado de rincones de África. Y el puertorriqueño Ernesto Ruiz-Tiben lleva 30 años empeñado en hacerlo desaparecer por completo de la faz de la Tierra. “Nuestro objetivo es llevarlo a la extinción”, resume este epidemiólogo, nacido en 1939 en Ponce, en la orilla del mar Caribe. Será, si tiene éxito, el primer animal extinguido a propósito por el ser humano.



El animal es el gusano de Guinea. La primera vez que Ruiz-Tiben lo vio cara a cara fue en 1986 en Bannu, una aldea paquistaní al pie de las montañas de Waziristán por la que hoy se pasean los terroristas de Al Qaeda. El bicho acababa de agujerear la pierna de un joven desde dentro y asomaba la cabeza por el agujero, como un espagueti con vida. Por entonces, había 3,5 millones de personas, repartidas por 20 países de África y Asia, con el gusano de Guinea pululando por sus tripas y asomando por sus piernas o sus genitales.
La historia se repetía una y otra vez: una persona de una región llena de miseria bebía agua estancada de un charco, ingiriendo unas diminutas pulgas de agua que hacen de taxi para las microscópicas larvas del gusano. En unos días, las larvas habían cruzado la pared del intestino humano para convertirse en gusanos adultos. Sin que la víctima lo supiera, los gusanos machos y hembras empezaban a copular en su abdomen o cerca de sus pulmones.
Los machos morían tras el acto sexual, pero las hembras seguían creciendo dentro de la persona. Cuando alcanzaban el metro de longitud, avanzaban bajo la piel del enfermo retorcido por el dolor, hasta que salían al exterior a través de un agujero ardiente, normalmente de cintura para abajo. Lo que en el mundo desarrollado sólo se veía en la película Alien era el día a día en las aldeas remotas de África. Hasta 40 gusanos de un metro han llegado a brotar de una misma persona. Y si la víctima acudía a un lago para refrescar la herida abrasadora, los gusanos aprovechaban para descargar cientos de miles de sus larvas microscópicas al agua, comenzando de nuevo el ciclo. El gusano es incapaz de vivir sin los humanos.
“Esta es la clásica enfermedad olvidada de la gente olvidada. Que exista es un anacronismo, un reflejo de la pobreza”, lamenta Ruiz-Tiben, director del Programa de Erradicación del Gusano de Guinea en el Centro Carter, la organización sin ánimo de lucro fundada en 1982 por el expresidente de EEUU Jimmy Carter. El gusano no suele ser letal, pero genera más pobreza allí donde ya hay miseria a raudales, al impedir a los niños ir a la escuela y a los adultos cultivar el campo o criar el ganado. Además, los orificios de salida del gusano de Guinea se suelen infectar, formando dolorosas úlceras que pueden acabar en la muerte en estas regiones remotas, donde los médicos y los hospitales son sólo palabras.
Hoy en día, sin embargo, la enfermedad provocada por el gusano de Guinea, la dracunculosis, ya no existe en Egipto ni en la mayor parte de los territorios antaño trufados de serpientes ardientes. En 1986, el Centro Carter se unió a la Organización Mundial de la Salud y a UNICEF para erradicar el parásito y desde entonces ha liderado la campaña de exterminio. De los 3,5 millones de casos de 1986 se ha pasado a tan sólo 542 en todo el mundo en 2012. Es una reducción del 99,999%, que hace sonreír a Ruiz-Tiben, director de la campaña desde 1998 pero implicado en ella desde 1981. “Será la primera enfermedad parasitaria que se erradique, y sin vacunas ni medicamentos”, anuncia.
Como suele ocurrir con las enfermedades de los más pobres, ninguna compañía farmacéutica intentó en serio desarrollar un tratamiento contra el gusano, así que el epidemiólogo y su equipo se han tenido que apañar durante 30 años con campañas de educación, para que los habitantes de las aldeas afectadas no beban directamente de aguas estancadas. Además, se han repartido unos diez millones de filtros de nailon para poder beber agua contaminada sin riesgo. Gracias a esta estrategia, los dominios del gusano se han reducido básicamente a un último reducto, en el país más joven del mundo, Sudán del Sur, donde en 2012 se registraron 521 casos. El resto aparecieron en Chad (10), Mali (7) y Etiopía (4). El gusano está dando sus últimos coletazos. La OMS calcula que a finales de 2015 el parásito habrá desaparecido para siempre del planeta.
Sin embargo, Ruiz-Tiben, tras tres décadas de batalla y tan cerca de la victoria, ve ahora cómo la línea de meta se aleja. En Mali, la guerra entre Francia y los grupos vinculados a Al Qaeda ha obligado a detener el programa de erradicación. El gusano, cuando estaba a punto de claudicar, podría renacer en la tierra de Tombuctú. “Hasta que no termine el conflicto, no podremos saber si se ha intensificado la enfermedad ni cuántos brotes habrán surgido”, explica Ruiz-Tiben. Ya ocurrió en Chad en 2010, cuando se registró un brote de 10 casos de dracunculosis después de una década sin ver al parásito en el país. Así que el epidemiólogo no vende la piel del gusano antes de cazarlo.
El médico Donald Hopkins, una leyenda de la erradicación de enfermedades, es el jefe de Ruiz-Tiben en el Centro Carter. Dirige todos los programas de salud de la organización y encabezó, en la década de 1970, la campaña para erradicar la viruela en Sierra Leona. Sabe que están a punto de exterminar a una especie animal a propósito, por primera vez en la historia. “No me da ninguna pena. Es un animal terrible, que impide a los niños ir a la escuela y a los jóvenes dedicarse a la agricultura”, explica. “El aspecto del gusano de Guinea es horrible, pero es peor todavía cuando ves el dolor que causa en las aldeas”, subraya.
Pero no se confían. Hopkins y Ruiz-Tiben recuerdan su viaje en 2007 a un poblado de Ghana, en el que la corrupción de las autoridades locales había permitido que las fuentes de agua fueran contaminadas por el gusano de Guinea. “Era terrible, teníamos a 200 personas infectadas delante de nosotros, en su mayoría niños”, recuerda Hopkins. 

¿Quién es el responsable de la desaparición de las abejas?

jueves, 8 de enero de 2015
Desde hace tiempo se sabe que las abejas están en peligro de extinción. Cada vez hay menos colmenas, y en cada una de esas colmenas hay menos abejas. Esto trae una serie de problemas asociados, ya que estos insectos son muy necesarios para la salud de los ecosistemas, e imprescindibles para el ser humano. Lo que aún no se sabía era el porqué de este declive.
Gracias a dos equipos de investigación independientes, uno británico y otro francés, se ha podido detectar al "culpable". Cada uno de ellos se ha centrado en una especie de abeja, pero ambos han llegado al mismo resultado. La razón por la que las poblaciones de abejas están desapareciendo es un tipo de pesticidas, conocidos como neonicotinoides. Estas sustancias empezaron a usarse en la década de los 90, y hoy en día se encuentran entre las más utilizadas. Como su nombre indica, la molécula se parece a la nicotina presente en el tabaco, y afecta al sistema nervioso central.

Las abejas visitan grandes superficies de terreno buscando comida, alejándose mucho de su colmena. Cuando se exponen a este pesticida, pierden la capacidad para orientarse. De esta manera, no son capaces de volver a la colmena con la comida. Generalmente, mueren tras varias horas vagando por el campo.
Esto afecta a todos los miembros del grupo social. Las abejas obreras, que son las que buscan el polen y proporcionan la comida al resto de la colmena, son las que se pierden. Al no traer la comida, las larvas se mueren, de manera que no existe reemplazo, no nacen nuevos insectos que sustituyan a los que se mueren. Y como cada vez hay menos abejas obreras, y muchas de ellas mueren sin volver a la colmena, se producen menos abejas reina. Esto significa que al año siguiente se darán muchas menos colmenas.
La desaparición de cualquier especie es preocupante, pero en el caso de las abejas puede suponer un peligro muy importante. Las distintas especies de abejas son responsables de la polinización de un gran número de plantas. Si llegasen a desaparecer, muchas especies vegetales no serían capaces de reproducirse, lo que podría significar su desaparición, por un efecto dominó.
Las plantas salvajes no son las únicas que se benefician de las abejas. Muchos cultivos de frutas y hortalizas, como las manzanas y las almendras, son polinizadas por las abejas. Cada año, un gran número de colmenas se transportan a los campos de cultivo para que realicen esta función. En caso de desaparecer las abejas, el ser humano se encontraría con un serio problema.